SUS NECESIDADES... ¡FUERA DE CASA!

Se trata de un proceso largo. No podemos pretender que nuestros cachorros aprendan esta lección de un día para otro; por muy listos y espabilados que sean. Tal vez, alguna de las reflexiones que expongo a continuación te ayuden a ver de otra manera esta instrucción y a tomártelo con más calma y paciencia.

Los cachorros son criaturas en formación. Su organismo está en constante evolución para llegar a ser en un futuro -no tan lejano - perros adultos bien constituidos y preparados perfectamente para vivir de forma autónoma y equilibrada. Estos cambios se dan tanto a nivel físico como mental. Algunos son notablemente evidentes y otros no tanto. Podemos apreciar cómo adquieren la vista, cómo cambian su pelusilla de cachorro por un pelo de adulto, cómo se caen sus dientecillos de leche y aparecen los definitivos, cómo mejoran su psicomotricidad y coordinan movimientos que antes no podían, cómo aprenden a gestionar la soledad y el distanciamiento con respecto a su figura de referencia (madre o propietario), cómo aumentan de talla y peso, cómo van apareciendo conductas sexuales...

Todo es un  continuo proceso basado en una doble plataforma que lo impulsa: Lo genético (o biológico podríamos decir) y lo experimental (el aprendizage conseguido a través de sus vivencias).

Esto es importante tenerlo en mente como punto de partida para comenzar la educación en el control y regulación de sus necesidades fuera de casa. Si bien es cierto que a través de un método de adiestramiento pretendemos enseñarles a controlar sus esfínteres, no debemos olvidar que esto se encuentra supeditado a su mecanismo biológico. Es decir, debemos tener en cuenta a la hora de efectuar este adiestramiento que el cachorro posee una vejiga notablemente más pequeña que la de un perro adulto y consecuentemente, su capacidad de almacenamiento de orina es menor. A esto hay que sumarle que el pequeño aún no es capaz de controlar completamente la retención de orina con lo que tras la recepción del estímulo de micción (necesidad de orinar) el cachorro no es capaz de retener el impulso y orina sin esperar el momento o lugar adecuado. Con el tiempo, esto va cambiando y aprenden a modificar esta conducta.

No existe un patrón fijo de edades que engloble el momento exacto en el que los pequeños deberían conseguir un control perfecto de los esfínteres. Algunos conseguirán este ejercicio a los 4 meses y otros a los 7 meses o incluso 10 meses. Por ello, debemos respetarlo y no presionar al cachorro, ya que poco podemos modificar en su evolución biológica.

Para educar a los cachorros en este ejercicio debemos ser pacientes. Respetemos su ritmo biológico que es tan particular en cada uno. Premiaremos los aciertos y corregiremos con calma los errores evitando los castigos y por supuesto, sin transmitir miedo al cachorro. Es más efectivo basarse en la motivación positiva que en la opresión.

Podemos apoyar este adiestramiento con productos que ayuden al cachorro a realizar con buenos resultados el proceso. Hablo por ejemplo de los paños especiales, productos atrayentes de olor... ¡También el clicker produce resultados muy satisfactorios en este campo! Puedes consultar a tu veterinario. Y por supuesto, apoyáte en la opinión e instrucciones de un adiestrador profesional. De este modo, conseguirás los resultados esperados a través de un método correcto.

Y por favor, olvídate de los consejos populares como el de "meter el hocico en su caca".

LA SALIDA: EL PASEO EMPIEZA EN CASA


El paseo empieza desde que tenemos la intención de salir, antes de cruzar por la puerta. Y aunque podamos creer y, de hecho nos guste, lo contento que se pone nuestro perro a esta hora, pegando saltos, corriendo por toda la casa, ladrando emocionado... La pura verdad es que estos comportamientos son una clara muestra de sobre-excitación.  

No se trata ni mucho menos de bloquear este estado que es tan natural para ellos, sino de canalizar sus expresiones. Y mucho menos incentivarlo o motivarlo a ello. 

Si realizamos una salida muy aparatosa sólo conseguimos generar una sobrexcitación en nuestro impaciente compañero. A esto le sigue, sobre todo en razas de gran tamaño, un difícil manejo ya en la calle dado que el perro se encuentra demasiado nervioso y excitado como para aceptar normas o siquiera ser capaz de prestar atención a ellas. Por no decir además, que no es un estado muy saludable para él ya que puede degenerar en estrés y fomentar otras patologías en la conducta.
 
Lo correcto es que la salida sea lo más tranquila posible, evitando eso que al perro le ponga nervioso como por ejemplo, salir con prisas o de forma ruidosa. Esperaremos a que esté tranquilo; si hace falta repetiremos la acción de quitarle y ponerle la correa o abrir y cerrar la puerta hasta que se tranquilice de forma aceptable. No cruzaremos el umbral de la puerta hasta que los signos de excitación hayan mermado de forma razonable. Es normal que jadee o que dirija su mirada constantemente a nosotros, pero no aceptaremos que tire de la correa, arañe la puerta, salte, ladre ruidosamente o muerda nuestros pantalones. Lo ideal es que esté junto a nosotros calmado, sentado y que espere la orden para salir tranquilamente con nosotros. Se trata de mostrarle que la única forma de conseguir eso que tanto desea - salir a la calle- solamente se puede conseguir si esta tranquilo. Ellos aprenden enseguida: si por medio de esa actitud no consiguen lo que buscan, cambian de táctica muy pronto pero es necesario que se encuentre en un estado de tranquilidad para que aprenda de verdad.

EL PASEO


Cómo estructurar un buen paseo.

El paseo forma parte de la relación con nuestros perros. Podríamos decir que es uno de los aspectos imprescindibles en ella; pues son esos momentos a los que dedicamos más tiempo y establecemos más estrechamente los lazos que nos unen a nuestra mascota. O al menos debería ser así...

 Lamentablemente existen propietarios que no se lo toman de este modo y para los cueles un paseo consiste en sacar al perro a la calle, soltarlo de su correa para dejar despreocupadamente que corra, haga sus necesidades y vuelvan a casa con "la tarea hecha". Más triste todavía es ver como salen de casa dan la vuelta al edificio y vuelven a casa con satisfacción por parte del amo "¡hoy he conseguido que haga todo en un tiempo record! " Pero sin duda, el mayor error es la sustitución del paseo por el uso del jardín doméstico. Desde ya que quede bien claro: El jardín no sustituye ni mucho menos al paseo.

Aclarados estos puntos veamos la estructura de un buen paseo:

 Lo correcto es que el paseo englobe las siguientes actividades: Una parte de obediencia y otra de tiempo libre y juego. Por supuesto, se le debe dar la oportunidad al perro de realizar sus necesidades en el momento  requerido por este; hay perros que necesitan evacuar justo a la salida y otros en cambio, que lo hacen más adelante.

Lo normal es que contemos con un parque o área de esparcimiento canino donde acudamos habitualmente en nuestros paseos diarios. Así que prácticamente todo paseo comienza por una caminata en dirección al parque. Debemos llevar a nuestros canes responsablemente atados. El problema de tirar de la correa tan habitual es algo que debemos solucionar para hacer el proceso más agradable tanto para nosotros como para nuestro perro.




Antes de empezar el tiempo de juego con nuestro perro debemos trabajar con él ejercicios de obediencia. Esto atiende a una razón: El juego es un premio. Si queremos que nuestro perro mantenga una viva motivación por el juego debemos presentárselo como algo gratificante, un premio que se obtiene al cumplir una tarea. Cuando se trabaja por algo, aquello por lo que se lucha cobra mayor interés y valor. Además, el perro se centra más y está más motivado en los ejercicios de obediencia al saber que después obtiene un premio extremadamente placentero.


No estoy hablando de dar una  paliza de 45 minutos de obediencia. De hecho para los dueños que comiencen a incluir esta estructura de paseo en su rutina diaria les aconsejo que comiencen simplemente por pedir al perro que se siente y después de obedecer esta sencilla orden, lanzar la pelota, sacar el mordedor o cualquier juguete que empleen. Poco a poco iremos incrementando el tiempo y la complejidad de los ejercicios, eso sí, sin saturar al perro. Debemos estar pendientes de mantener una actividad en la que dueño y animal estén implicados, sostenidos por el mutuo interés y una motivación positiva.



Además no tiene por que ser una actividad tediosa, en la calle hay muchos elementos que nos ofrecen inmensidad de nuevos ejercicios: Enséñale a saltar un banco, a quedarse quieto mientras entras a comprar tabaco, a subir y bajar un murete, a dar la vuelta a una farola, a reptar bajo una valla, esperar sentado a que el semáforo se ponga en verde... Y si ya lo ha aprendido perfectamente, siempre podéis jugar al juego de ¡ahora más difícil todavía! Si ya le enseñaste a dar la vuelta a una farola, ahora prueba con un árbol,  con un contenedor, con un edificio... Dale rienda suelta a tu creatividad y te sorprenderás de lo que puede llegar ha hacer tu perro.



Ahora toca jugar. Es importante que los objetos de juego los dispense el dueño. ¿Lo correcto? Que lleves de casa los juguetes con los que vayas a jugar. Una equivocación muy frecuente es jugar con elementos que nos encontramos por la calle: Palos, piedras, trozos de cartón o plástico... Las razones por las cuales debemos evitar esto son varias: Por un lado, acostumbramos al perro a coger objetos del suelo que le puedan parecer atrayentes y puede acabar convirtiéndose en un mal hábito que además entraña sus peligros. Por otro lado, el perro aprende que puede comenzar y terminar el juego cuando a él le apetezca, aprende a buscar su diversión y entretenimiento en el entorno, focalizando su atención en él y no en nosotros, sus propietarios. De modo que el entorno se muestra más atrayente que nosotros y facilita su dispersión dificultando la obediencia a nuestras órdenes.

Por estas razones debemos mostrarle a nuestro compañero que la fuente de diversión y juego está en nosotros. Nosotros comenzamos el juego y nosotros lo finalizamos cuando lo creamos oportuno. Apuntar por último en este aspecto que lo mejor es llegar a un punto en el que nuestro perro se encuentre cansado físicamente pero no saturado del juego. Es decir, no esperemos a terminar el juego porque nuestro perro se haya cansado ya de jugar por aburrimiento o saturación. Debemos mantener en todo momento vivo el interés por el juguete para que siga representando una motivación para él. Por eso, el periodo de juego debe terminar cuando veamos que hemos empleado un tiempo razonable en esta actividad y nuestro perro siga teniendo el mismo interés que cuando le mostramos por primera vez el juguete.

También es bueno que jueguen con otros perros. Si deseamos que se encuentre con otros congéneres suyos y juegue con ellos, lo adecuado es que lo haga después de jugar primero con nosotros. El juego con otros perros no sustituye el juego con nosotros. Y tampoco tiene comparación: No podemos darle la diversión y el tipo de juego que le da otro perro, así que no seamos tontos, si queremos construir una relación sólida con nuestro perro el juego es imprescindible para ello. 

Un último apunte, para aclarar un asunto que también suele entenderse de forma incorrecta. Nuestros perros no tienen la necesidad vital de obtener un espacio de tiempo para olfatear la zona. Hay algunos propietarios que creen firmemente que deben soltar a su perro para que inspeccione el lugar. Si soltamos al perro y no le ofrecemos alguna actividad con la que entretenerse, el resultado es un perro que busca en su entorno algo en lo que entretenerse y poder realizar algún tipo de actividad: Captar olores residuales, descifrar información codificada en ellos, posibles alimentos, presas potenciales (pájaros, ratones…). Es una respuesta ante la falta de estimulación o actividades. Desde que salimos de casa nuestro compañero ha ido captando de forma natural y espontánea los olores y estímulos diferentes que se han ido presentando en el entorno.

 Así termina un paseo, después de los ejercicios de obediencia y el tiempo de juego, volvemos a atar a nuestro perro y nos podemos encaminar, ahora sí, felices a casa.



UN COMPAÑERO DE RAZA





Cuando pensamos en adquirir un perro de raza debemos pensar que también estamos pensando en adquirir unas responsabilidades concretas que están ligadas a esa raza de perro en particular. Cada perro es distinto, con su personalidad y características propias. Pero por el hecho de pertenecer a una raza comparten entre ellos ciertas características que los hacen aptos para una tarea. Existen perros pastores, perros de caza, de guarda, de mushing, de trabajo, de carreras...Y todos ellos, comparten características tanto físicas como de comportamiento que les permiten ser válidos para la caza, el pastoreo, la guarda... Por ello, estos perros que se crearon para distintas actividades tienen unas necesidades naturales que debemos satisfacer. Lo que diferencia a unas razas de otras son las aptitudes innatas para desempeñar con virtud una tarea concreta. Así, un perro de caza, por ejemplo, imaginemos un pointer, tiene un olfato muy desarrollado y una tendencia natural a descubrir "rastros de presas potenciales" con mayor espontaneidad que un terranova que al contrario que el pointer, adora el agua y nadar, el trabajo de arrastre de cargas a la orilla... Al igual que también será distinto que un border collie que tiene muy desarrollado el instinto de guarda y guía de ganado y por esta razón, se ha buscado anular su instinto predador... Por no hablar de las diferencias notables en cuanto a fisonomía.


Ahora bien, aclarado este punto ¿hay alguien que encuentre lógico que una persona utilice un caniche como perro de defensa? ¿O un shiht zu como perro de muestra? ¿Y qué pensarían de un pastor que adquiere un bulldog inglés para guiar a su rebaño? Creo que todos coincidimos en lo mismo... ¡Qué estarían locos! Y sin embargo, la misma locura nos embarga a nosotros si decidimos obtener un ejemplar de pastor belga groenendael por su espectacular manto negro y su elegante porte sólo para hacernos compañía en nuestro piso y olvidar así, que pertenece a una raza muy enérgica de trabajo que necesita que le otorguemos la posibilidad de desempeñar una tarea en nuestras vidas. Lo mismo ocurre cuando nos encariñamos con un dulce cachorrito de Beagle y nos volvemos a olvidar de que es un perro de caza excepcional y que por ello, le siguen unas necesidades naturales.


Antes de adquirir una raza estudiemos a fondo su origen, sus características, el carácter propio, la finalidad para la que fue creada y entonces, ya después, evaluemos nuestra compatibilidad con esa raza, por nuestro carácter y nuestro estilo de vida. Ahora ya sí, sabiendo lo que sabemos y aproximándonos al que será nuestro compañero busquemos como satisfacer esas necesidades que presenta. Y para ello, lo mejor es consultar a un experto que nos orientará de forma clara y adaptada.

EMBARAZO PSICOLÓGICO: MITOS Y REALIDAD



El embarazo psicológico en las perras, también conocido con otros nombres como pseudogestación o falsa gestación, se trata de un síndrome que aparece en las perras unos dos meses después de finalizar el periodo de estro aproximadamente. Los síntomas son variados pero muy carácteristicos: desarrollo mamario, lactación y comportamientos maternales.

Esto se ve reflejado concretamente en el aumento del tamaño de las mamas y producción de leche, inestabilidad en los niveles de apetito y cambios bruscos de "humor" (pueden mostrarse agresivas o demasiado sobreprotectoras e incluso ansiosas o sobreexcitadas), adopción de objetos o animales como falsas crías y en ocasiones, un aumento del volumen abdominal que hace pensar que realmente se trata de una perra gestante. Todo ello esta causado por una reducción del nivel normal de progesterona (hormona femenina) en el organismo de la perra. Y no debe ser asociado a una causa fisiopatológica.

Normalmente, esta patología desaparece en un lapso de tiempo de 15 días aproximadamente, aunque en ocasiones puede alargarse hasta cinco o seis semnas si los niveles de prolactina (hormona responsable de la roducción de leche) persisten de forma elevada. Por regla general, no es necesario ningun tipo de intervención ya que al carecer de cachorros que estimulen tales comportamientos terminan por extinguirse por si solos. Se debe tener en cuenta, no obstante, que una perra que ha sufrido este tipo de afección tiene mayor tendencia a sufrir en ciclos futuros el miso problema.

La solución a esta situación es variada. Veamoslo por puntos descartando algunos mitos equivocados:

- Se debe evitar caer en la idea de que tras una monta y el consecuente parto, la perra cesará tales comportamientos. Es un tremendo error. Pues como ya se ha explicado, el origen de esta patología es hormonal y la única manera de ponerle solución es ejerciendo un contro hormonal en el organismo de la perra. Para ello, se pueden seguir diferentes métodos. Uno de ellos, puede ser la terapia farmacológica que produce buenos resultados y muy efectivos. Pero la más acertada y definitiva es la esterilización.

- Conviene eliminar aquellos estímulos que puedan sostener la galactorrea (producción de leche) tales como los objetos que la perra haya adoptado (falsa camada), como el contacto físico con la zona mamaria que prolongará la lactación. Por este motivo, hay que rechazar la errónea idea de propocionar masajes a la perra en esta zona para evitar que la leche segregada se enquiste; ya que lo único que conseguiremos, como he explicado, es prolongar la secreción de leche y sostener más tiempo la patología. Para este aspecto se recomienda dar de comer a la perra tortilla de perejil que provoca la eliminación radical de la leche. Un control moderado en la ingesta de alimento y agua puede resultar también beneficioso.

- Por últmo, comentar que tras la erradicación de la patología, los problemas de conducta deberían desaparecer en su totalidad ya que estaban asociados directamente a factores hormonales. No obstante, se ha podido observar que en algunos casos, las perras han adquirido hábitos negativos de conducta aprendidos durante el periodo en el que estuvo presente la patología. En estos casos, se recomienda vivamente consultar a un epecialista en conducta canina, no veterinario, para ponerle solución lo antes posible y evitar cmplicaciones.


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GESTIONAR LA MORDIDA


"Perdona, ¿muerde?" ¡Pues claro! Es un perro.

Todos los perros muerden. Otra cosa es que muerdan lo que nosotros queramos. Pero un perro, por ser perro, tiene una tendencia innata a morder las cosas. La boca viene a ser para ellos lo que las manos para nosotros. A través de ella pueden conocer y conectar con el mundo que los rodea. Por eso es muy importante que nosotros, sus propietarios, llevemos a cavo la importante tarea de gestionar la mordida.

Este ejercicio debemos empezar a practicarlo desde la etapa de cachorros que es donde aprenden a través de nosotros y de los estímulos que les rodean a conocer el mundo circundante. Mediante el juego con sus congéneres aprenden a regular y modificar la presión de su mandíbula. Los cachorros juegan entre ellos y si alguno aprieta los dientes más de lo debido, su compañero grita y detiene el juego por unos instantes para hacerle ver al otro que así hace daño y por ello, se termina el juego. Enseguida se retoma la diversión, eso sí, con la lección poco a poco aprendida.

Precisamente será así como le enseñemos a nuestro perro a regular la presión de los dientes sobre nuestras manos. El juego con nuestro perro es un momento imprescindible en la relación propietario-animal; momento que además, se repetirá infinidad de veces a lo largo de la vida. Nuestras manos dan caricias, premios, comida, juguetes y juego. La boca de nuestras mascotas debe ser blanda y no hacer daño. Pero eso es algo que sólo nosotros podemos enseñarles.

Hay que olvidarse del mito de que no se debe meter la mano en la boca del perro. Cuando son cachorros debemos jugar con ellos y dejar que muerdan las manos durante el juego. Si el cachorro realiza demasiada presión, gritaremos y retiraremos las manos. Enseguida volveremos a retomar el juego con él. No olvidemos que está aprendiendo y que no se trata ni mucho menos de un castigo; sólo le enseñamos a gestionar la presión. El perro va asimilando desde pequeño cómo debe tratar nuestras manos y consiguiendo una boca blanda que las respete. No se trata de tener al cachorro todo el tiempo colgado de nuestras manos. Debemos establecer y marcar con claridad los periodos de juego en los que se permite "mordisquear" nuestras manos para jugar y así, evitar un mal hábito.


Con este propósito debemos jugar también con objetos (mordedores, trapo, pelota, peluches...) con el fin de lograr que el perro distinga y discrimine dónde puede ejercer mayor o menor presión con su mandíbula y evitar que vea nuestras manos únicamente como un objeto de juego.

A la hora de dar premios en forma de comida, especialmente en los casos de perros ansiosos, es bueno realizar el siguiente ejercicio: Guardaremos el trocito de comida dentro de nuestra mano en forma de puño y se la presentaremos delante de su hocico, si el cachorro simplemente la olisquea y espera a recibir el premio, lo felicitaremos de inmediato y le daremos su recompensa. Si por el contrario, el cachorro lo huele y mordisquea el puño o incluso zarpea con sus patas, aguantaremos con el premio en el puño hasta que cese ese comportamiento. Al menor indicio de parar o retirarse hacia atrás abriremos la mano dejándole alcanzar el premio y felicitándole. Repetiremos el ejercicio unas pocas veces más y lo dejaremos hasta otro día.



Gestionar la mordida de nuestro perro con todo lo que se ha descrito es importantísimo por los motivos que ya dije y porque además, no podemos olvidar que aunque ahora tengamos un pequeño cachorrito, con el tiempo se hará mayor y la mandíbula con sus dientes cambia y lo que antes era apenas un rasguño, ahora puede acarrearnos serios problemas. Además, evitamos problemas de conducta destructiva en un futuro, ya que mediante el juego y estos ejercicios,  le ofrecemos una posibilidad de cubrir esa necesidad de morder, especialmene en las razas con mayor tendencia.



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¡NO SOY UN LOBO!



El perro no es un lobo. Sin duda forman parte de la misma familia; los cánidos, pero son especies distintas. Hay hipótesis que defienden que el lobo (canis lupus) es el antecesor directo del perro (canis familiaris), otras en cambio, explican que esta familia, la de los cánidos, tiene su origen en una criatura prehistórica, el cynodictis, cuyos restos y análisis han revelado importantes descubrimientos en este área.



Sea cual sea el origen de nuestros perros actuales, lo que sí es seguro es que son criaturas que han evolucionado y se han desarrollado a lo largo del tiempo para llegar ha ser lo que en nuestro tiempo son: perros. Por ello, ni podemos tratarlos como si fueran lobos ni tampoco como si no fueran animales. La clave está en fijarse en el ahora, en la relación actual que sostienen hombre y perro. Aunque el perro descendiera directamente del lobo ya no lo es. Por eso, las relaciones y la educación basadas en la confrontación, sumisión y dominancia del propietario hacia el animal, no tienen sentido. La psicología del perro, aunque con rasgos similares a la del lobo, es diferente. Y es gracias a ello, por lo que entre otras cosas, se hace posible la convivencia con ellos. El perro convive con nosotros, lo contemplamos como un miembro más demuestra familia pero debemos entender que no por ello deja de ser un animal con su naturaleza inherente, sus costumbres y su forma de entender la realidad. Esto es fundamental tenerlo en cuenta para poder convivir de forma armónica con él. Le hemos dado nuestra familia pero no debemos olvidar mostrarle nuestras normas y enseñarle cómo debe respetarlas.


Aquí es donde enta en juego el papel importantísimo de la educación y adiestramiento canino. Y practicándolo por la vía del refuerzo positivo los resultados son mejores, el método más asequible, cómodo y agradable de practicar. Reconociendo que nuestras mascotas no son ni lobos, ni personas encerradas en cuerpos peludos, ni mucho menos robots, la relación que establezcamos con ellos será la correcta, la que nos lleve a un equilibrio y armonía necesarios. Este tipo de adiestramiento nos proporciona una mezcla acertada de métodos para relacionarnos con nuestros perros. Nos presentamos como la fuente de todos los bienes que interesan al perro (comida, juego, contacto social...) con la que tendrá que negociar para conseguir lo que busca. Así, es el perro mismo el que busca la relación y toma la iniciativa voluntaria de realizar lo necesario (ejercicios, trucos, entrenamiento...) para conseguir lo que únicamente nosotros podemos proporcionarle. Esto es muy gratificante para el perro ya que le proporcionamos la oportunidad de "luchar" para obtener un fin, una figura de referencia que le guía de forma estable y a quien puede seguir sin temor. Todo esto son necesidades propias de la naturaleza canina, y no tanto, el buscar someterlo, erigirnos como líderes y retarlos por conseguir el dominio sobre los bienes y el mando. Todo ello, podemos conseguirlo con mucho más tacto, pedagogía y sobre todo, con un ambiente más relajado, agradable y de confianza a través del adiestramiento en positivo.

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EL TRASPORTÍN EN CASA

Además de su uso práctico y obligatorio en los viajes, el trasportín puede ser utilizado en casa con funciones muy útiles. Normalmente reservamos en nuestro hogar un espacio destinado al descanso de nuestra mascota donde colocamos su cama. Pues bien, lo que propongo es lo siguiente:

Sustituir la función de la cama del perro por el trasportín. Se trata de proporcionarle un lugar tranquilo y familiar donde pueda descansar y entrar para retirarse, un lugar sólo para él en el que nadie lo moleste y se sienta cómodo y protegido. Al contrario que en los trasportines de viaje, el trasportín de casa debe ser más grande y amplio, que tenga un espacio suficiente para que le permita moverse y estirarse dentro de él con comodidad. Podemos introducir dentro una manta o toalla para hacer su interior más confortable.

Los beneficios que nos aporta son los siguientes:

Si vamos a algún lugar donde nos llevemos al perro con nosotros y queramos que esté tranquilo podemos llevar el trasportín para proporcionarle un lugar de tranquilidad dónde pueda retirarse si el entorno le agobia, si fuera necesario además, se puede cerrar la puerta del trasportín para que no se le moleste. Lo mismo ocurre cuando llegan visitas a casa, podemos dejarlo dentro del trasportín, evitando la ansiedad que supone verse aislado en una habitación donde además, rascará la puerta y gimoteará o ladrará al no tratarse de un lugar asociado a la tranquilidad y al reposo como es el trasportín.


Cuando nos vamos de casa y el perro se aburre por soledad tiende ha "hacer de las suyas" y al volver nos encontramos auténticos destrozos... Si nos vamos y lo dejamos tranquilamente dentro del trasportín con algún objeto que distraiga su atención y lo mantenga entretenido en nuestra ausencia (huesos masticables, Kong, juguete...) el resultado a nuestra vuelta será mucho más agradable tanto para nosotros como para él. Esta situación se repite a diario en la etapa de cachorros en la que, además de investigar y mordisquear todo, el control de sus necesidades no es completo y como resultado tienden a ensuciar la casa. Así que habituarlos al uso del trasportín evita que muerdan los objetos de la casa, en ocasiones nocivos para su salud y por otro lado, se a comprobado que el uso del trasportín en cachorros les ayuda a controlar y regular los episodios de micción y defecación, ya que a los perros no les gusta ensuciarse y evitan hacer sus necesidades cerca de donde reposan.

En los casos en los que un perro se lesione y deba guardar reposo evitando el ejercicio, el trasportín puede ser por momentos concretos un lugar donde meterlo con el fin de evitar la actividad.

En casa, cuando estemos nosotros allí, la puerta del trasportín se dejará abierta para permitirle su acceso o salida con libertad. Tiene que ver que no sólo es un lugar cerrado que bloquea sus acciones. Sino que puede acceder y salir de él con libertad.


Así, podría poner muchos ejemplos más. El objetivo: que el perro asocia el trasportín a un lugar agradable de su propiedad donde encuentra siempre tranquilidad y refugio. Lo ideal es ir habituándolo desde cachorro, pero nunca es tarde para enseñarle a utilizarlo en casa. Lo primero es presentarle el trasportín, que lo huela, lo mire, si quiere entrar que pase, que salga... A continuación introduciremos muy cerca de la puerta pequeños trocitos de comida permitiéndole, sin forzarle, que los coma. Poco a poco, según veamos como va reaccionando, iremos introduciendo los premios más adentro del trasportín, de tal modo que ahora necesite meter no sólo el hocico sino también la cabeza, las patas delanteras, después el cuerpo y por último, las patas traseras. No debemos forzarle a entrar en ningún momento, dejemos que sea él el que tome la decisión y compruebe por si mismo que no ocurre nada malo y que en su interior hay cosas buenas. Es aconsejable que para estos primeros pasos hayamos retirado la puerta previamente para evitar experiencias negativas. Sin prisa, iremos avanzando en el proceso. Después de un par de días así, podemos comenzar a darle de comer en el interior del trasportín; colocaremos su  pienso en el interior para que siga asociando el trasportín a algo beneficioso y positivo como es el momento de la comida. Cuando apreciemos que verdaderamente se ha habituado y acepta de buen grado el trasportín, comenzaremos ha hacer uso de la puerta. Primero lanzaremos un trocito de comida dentro para hacerle entrar y cerraremos con cuidado la puerta sin echar el cierre, entonces lo premiaremos através de las rejillas de la puerta y enseguida volveremos a abrir para dejarle salir. Repetiremos la acción varias veces y después iremos incorporando el cierre. Avanzaremos un poco más y le haremos entrar, después cerraremos y echaremos el cierre y a continuación nos levantaremos y daremos un par de pasos, enseguida abriremos y le dejaremos salir. Así, progresivamente, nos iremos separando más de él hasta llegar a salir de la habitación. Estos momentos de ausencia, serán muy breves al principio y los aumentaremos poco a poco hasta que al final lo dejemos durante periodos de tiempo más o menos extensos. Este proceso debe ser gradual y adaptable a cada perro. No debe hacerse todo en un día, se requieren varios para obtener el resultado esperado. Y por supuesto, siempre con premios que motiven la actividad. Los premios se darán exclusivamente en el interior del trasportín, para reforzar positivamente la acción de permanecer en su interior; no lo premiaremos cuando salga de él en ningún momento, ni con comida ni con palabras; sólo cuando esté dentro.



Prohibiciones: Obligar al perro a dar un paso más en el proceso de habituación cuando todavía no está listo, empujarle por detrás, aumentar desproporcionadamente el tiempo que pase en el interior del trasportín… Recuerda que una mala experiencia supone un rechazo y por lo tanto, un retroceso en el aprendizaje. Y si no se actúa con paciencia y correctamente, el resultado será totalmente el opuesto al deseado: un perro temeroso de entrar, ansioso, que ofrezca una gran resistencia y rechazo al trasportín. Por supuesto, se puede llegar a este resultado también con un trabajo de habituación bien hecho si abusamos del uso del trasportín. Así que ¡ojo! el trasportín debe ser una herramienta utilizada con método.




UN BUEN USO DEL BOZAL



Creo que el bozal es uno de los instrumentos de ayuda que peor se emplean comúnmente. Al contrario de lo que la mayoría de gente piensa, el bozal no es un instrumento de castigo. Es decir, si nuestro perro muerde a otro, o si se come todo lo que encuentra por el suelo, o las alfombras de casa y esos zapatos tan caros... ¡La solución no es colocarle un bozal! Por muy lógico que pudiera parecer. Para erradicar un problema debemos hacerlo eliminando aquello que lo causa. Aunque poniendo un bozal conseguimos controlar sus dientes, lo único que logramos es bloquear ese comportamiento, pero en vedad ¡sigue ahí! Puede ser una herramienta de apoyo, pero no una solución final.

Pondré un ejemplo que me parece muy gráfico y servirá para que se entienda mejor esta idea: Si resulta que nos surge una reacción alérgica en la piel que nos ocasiona fuertes picores y el médico como solución nos venda la parte afectada, no estará sino evitando únicamente que nos rasquemos pero la irritación sigue allí, bajo la venda. El médico debería recetarnos un antihistamínico apropiado a ese tipo de alergia para sanarnos realmente.

El bozal tiene que causar en el perro la misma sensación que la correa o el collar. Pues, al igual que estos, es un instrumento que nos ayuda en el manejo de nuestro perro. Y esto supone siempre una experiencia positiva para él.

Hay que saber cómo y cuándo utilizarlo. Para acostumbrarlo y hacer que acepte el bozal, lo correcto es ir realizando un uso progresivo de él. Aprovecharemos los momentos en los que nuestro perro esté tranquilo y se lo pondremos primero sin atar, se lo quitamos enseguida y le premiamos. Con esto le hacemos ver que el bozal resulta una experiencia positiva. Es bueno comenzar a habituarlos a este instrumento con bozales de nylon que poseen una apertura frontal amplia que les permite mascar el premio que les demos; este tipo es especialmente indicado para perros nerviosos. Iremos aumentando gradualmente el tiempo que se lo dejamos puesto en el hocico, siempre premiándolo. Al principio, al ser un tiempo tan mínimo (poner y quitar) le daremos los premios en seguida de quitárselo y conforme aumentemos su duración de permanencia, se los daremos únicamente cuando lo lleve puesto, no al quitárselo, puesto que lo que a él le supone un esfuerzo es mantener el bozal en el hocico, no el liberarse de él. Otra ventaja de estos bozales es que poseen un cierre que al abrochar hace un "clac" que podemos aprovechar para que el perro asocie el sonido con el premio y de este modo llevar el bozal se convierta en una experiencia más agradable. Cuando nuestro perro este totalmente habituado a ese tipo de bozal y sepa llevarlo sin problemas, podemos dar el paso de cambiarlo por un modelo tradicional si fuera necesario (sobre todo de uso clínico). En los perros que presentan serios problemas de tolerancia y adaptación al bozal, es aconsejable comenzar por rodear el hocico con una cuerda fina para ir progresivamente acercándonos al instrumento final. Después de la cuerda, podemos colocar un pañuelo, luego una venda y finalmente, el bozal de nylon. Antes de avanzar al siguiente nivel debemos estar seguros de que el perro acepta por completo el actual. La forma de ir incluyendo estos pasos es igual que la antes descrita con el bozal, siempre con premios y dados de esa forma. En los casos más complicados se puede empezar por caricias y contactos a diferentes presiones sobre su hocico con nuestras manos.

Es un instrumento que el perro debe saber llevar ya que hoy en día, y cada vez más, se nos exige que en ciertos lugares (algunos parques, zonas peatonales, concentraciones, etc.) llevemos a nuestros animales con bozal y atados. Así lo indica además, con carácter de obligatoriedad, la ley destinada a los denominados perros potencialmente peligrosos. También, se emplea en determinadas intervenciones veterinarias, ya que un perro con dolor puede llegar a intentar defenderse con los dientes. En algunos casos de resolución de conducta, se requiere la utilización del bozal y si el perro ya ha sido habituado a él, facilitamos el trabajo al adiestrador. Visto todos estos ejemplos, concluimos que es necesario practicar este ejercicio de habituación al bozal y por ello, su uso tiene que ser el correcto para no ocasionar repercusiones negativas en el perro.


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¿CUÁNDO PREMIAR Y CORREGIR?

El adiestramiento canino en positivo, como ya hemos visto, se basa en la educación del perro a través de premios y en su caso, de correcciones. Pero para que este proceso tenga sentido y de frutos satisfactorios es de vital importancia saber cómo y cuando efectuar los premios y correcciones.

- Los premios:

Son reforzadores positivos de conducta que hacen que el perro desee realizar de nuevo la acción a través de la cual ha sido premiado. Teniendo en cuenta esto, hay que observar qué estamos premiando. Si pretendemos que el perro aprenda una orden, debemos premiar justo en el momento en que la efectúa, ni antes, ni después; sino estaremos premiando otra acción diferente.

Para los ejercicios a distancia, cuando utilicemos premios en forma de comida, se debe asociar el premio a una señal: el sonido del cliker, un "muy bien"... Para que así, sin interrumpir el ejercicio, el perro se acerque a recoger el premio una vez finalizada la acción que previamente le hemos marcado como buena con la señal asociada al premio ("clik", "muy bien"...).



En ejercicios o trucos más complejos de aprender, se deben de ir premiando aproximaciones para, finalmente, premiar la acción definitiva. Es aconsejable hacerlo también en el caso de los cachorros que presentan un nivel de aprendizaje más básico que en perros adultos. Esta técnica consiste en ir premiando los movimientos que conducirán al perro a la acción deseada. Por ejemplo, si queremos enseñarle a hacerse el muerto, iremos premiando poco a poco los movimientos que ayuden a conseguir el ejercicio: primero que se tumbe, después que se eche de lado, que se eche más todavía de costado, un poco más, hasta que premiemos definitivamente la acción de colocarse panza arriba. Es entonces cuando meteremos también la orden verbal deseada para conseguir la acción de "muerto". Así conseguimos conducir de forma segura y sin error al perro hacia la acción que buscamos.

Premiar acciones naturales del perro es una forma de enseñar a realizar trucos o ejercicios de una forma sencilla y sin complicación. Si vemos que nuestro perro tiene tendencia a estirarse frecuentemente, por ejemplo, podemos aprovechar esos momentos para premiarlo e incluir un nombre a ese ejercicio. Así, a la orden de "reverencia" el perro ha sido enseñado sin esfuerzo ha ejecutar esa orden, movimiento natural en él que realizará con gusto.

Por último, aclarar un interrogante que muchas personas presentan: "¿Cuando se le puede dejar de premiar para que haga los ejercicios o ejecute mis ordenes?" La respuesta es: Nunca. De igual modo que nosotros trabajamos a cambio de un salario, los perros trabajarán a cambio de un beneficio, si no, sus acciones no tienen sentido; deben estar guiadas por una motivación que les mueva a realizarlas. Si que es cierto que la cantidad o número de premios puede descender, pero nunca hasta el punto de desaparecer. Al principio, cuando se aprende un ejercicio es bueno que el número de premios sea alto, pero conforme se va mecanizando dicha acción, los reforzadores pueden bajar, lo premiaremos una vez de cada tres, por ejemplo. Eso sí, el descenso se debe hacer de forma gradual, reduciendo los premios poco a poco. O ir cambiando los premios, de comida a caricias o palabras dotadas de significado para él.

-Las correcciones:

Al igual que con los premios, las correcciones se deben emplear en el momento en que la acción se está llevando a cavo. No después. A diferencia de los premios, las correcciones se pueden efectuar antes de que la mala conducta aparezca, si sabemos apreciar los movimientos que anticipan esa conducta. Si sabemos que nuestro perro perseguirá al gato que pasa cerca, no esperemos a que empiece la carrera, en el momento en que el perro mire fijamente al gato y se comience a incorporar... ¡Ya podemos corregirlo! En este caso se debería decir "no" y distraer la atención del perro hacia otro punto: la pelota, un mordedor, comida...

Es preferible que si sabemos que nuestro perro no va a obedecer al "no" o la corrección que le dirijamos,  no la realicemos y que en vez de ello, llamemos su atención para que deje de realizar ese comportamiento y fije su atención en nosotros. Con esto evitamos que aprenda a que puede desobedecernos. Y así, las correcciones tienen sentido y sobre todo, efectividad.

Hay que tener claro también que no podemos corregir al perro por cualquier comportamiento que nos desagrade, tenemos que entender que es un animal y se debe comportar como tal. A sí que decidamos con criterio aquellas cosas que debemos corregir (robar comida, comer la basura, agredir a otros perros...) y cuales es preferible que se le distraiga, se evite la situación, se sustituya una acción por otra, etc.

ADIESTRAMIENTO CANINO EN POSITIVO




¿Qué es exactamente el adiestramiento canino en positivo?

Esta pregunta se la realizan muchas personas. Y es totalmente comprensible, puesto que no hace más de una década que comenzó a escucharse por primera vez su nombre de manera notoria en nuestro país. Especialmente ha tenido dificultades para integrarse en el mundo del adiestramiento canino al chocar con una férrea coraza: La resistencia y desconfianza al cambio de los métodos tradicionales por las nuevas corrientes llegadas desde el extranjero. No obstante, este método de adiestramiento tardó poco en hacerse valer, no sólo por los magníficos resultados, también por su metodología amena y asequible. 


La esencia del adiestramiento en positivo lo encontramos en el radical cambio de trabajo con el perro que es totalmente diferente al del adiestramiento tradicional. El uso de reforzadores positivos para obtener los resultados deseados evitando el castigo  y cualquier método punitivo durante las sesiones son la herramienta base del adiestramiento en positivo.






No cabe duda de que esta nueva forma de relacionarse con el can provoca otro tipo de clima en el trabajo y diferentes sensaciones en el animal. ¿El resultado? Un perro más motivado, no cohibido por el miedo, más despierto, concentrado en la tarea y atento. Obtenemos un perro creativo, con ganas de probar nuevas actuaciones y ejercicios. No trabajamos ya con un animal temeroso de actuar por miedo a un castigo. Con esto además, no sólo se obtiene que el adiestramiento sea mucho más ameno para las mascotas, también consigue aproximar a sus propietarios y les ayuda a tomar consciencia de la necesidad importante de educar a sus canes, al ser más asequible, cercano y divertido.


LA SOCIALIZACIÓN

Cuando compremos o adoptemos un cachorro lo ideal es que este cuente al menos con tres meses de edad. Por lo general, los propietarios de la perra desean deshacerse de los cachorros cuanto antes y por ello, aprovechan el momento el destete (entorno al mes, mes y medio) para enviarlos a su nuevo hogar. Efectivamente, los cachorros están capacitados para alejarse de su madre y el resto de la camada en cuanto a campo físico se refiere: ya domina el automovimiento, es capaz de evacuar sin depender de la estimulación materna, oye y ve perfectamente y la figura materna ya no representa una fuente de alimentación.

¿Pero qué hay del plano psicológico? Un cachorro necesita entablar relaciones seguras y educativas con su entorno, con su madre y hermanos. Esto asienta las bases de lo que será el carácter de nuestra futura mascota. El cachorro nace con una base genética heredada de sus progenitores a la que se le añaden matices derivados de las experiencias que el cachorro tenga durante los tres o cuatro primeros meses.

La importancia en la etapa de los 45 días a los 3 o 4 meses de:

* El entorno donde se desarrolla el cachorro tiene una poderosa influencia principalmente en el carácter exploratorio del cachorro. Un medio tranquilo, seguro y sosegado harán del cachorro, con mayor probabilidad, un adulto confiado, activo, sociable y con gran carácter exploratorio. Por el contrario, si el cachorro se descubre en un medio hostil y peligroso, las probabilidades de convertirse en un adulto desconfiado, asustadizo, con tendencias agresivas o poco sociables aumentan.


* La madre del cachorro no sólo actúa como transmisora de genes sino que la conducta de esta hacia el cachorro es muy influyente. Una madre asustadiza transmite por su conducta esos miedos al cachorro al sobresaltarse ante los estímulos pues hace que el pequeño los identifique como amenazas. De igual modo ocurre con una madre nerviosa que obliga al cachorro a seguir un ritmo de vida activo para poder seguirla, alimentarse, descansar... Lo mismo ocurre cuando la perra es agresiva y muestra estas tendencias con sus crías pues genera en ellos un estado de inseguridad y despierta un sentido de alerta para captar rápidamente las agresiones. Estos cachorros son individuos asustadizos y excesivamente sumisos, o por el contrario, con tendencias rápidas a mostrar actitudes agresivas ("a la defensiva").



* La camada conformada por los hermanos del cachorrito aportan seguridad y consolidan el instinto social de los cánidos. Con ellos aprende a desenvolverse en el seno de una manada. aprende el comportamiento social y jerárquico y las pautas que rigen las relaciones entre iguales. Esto se aprende principalmente con el juego.



Por todo ello, si buscamos un compañero que en un futuro sea un adulto estable, debemos informarnos muy bien antes, por un lado de su genealogía y por otro, de estos tres factores nombrados.



En los cachorros que han sido apartados antes de cumplir este periodo tan importante es necesario que nosotros suplamos esta carencia y trabajemos este periodo de socialización como sustitutivo de tal carencia, de otro modo surgen los problemas de conducta y demás complicaciones.


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¿POR QUÉ ADIESTRARLOS?

Porque la decisión de tener un perro como mascota tiene que ser una decisión responsable. Al adquirir un perro adquirimos también nuevos compromisos frente a la sociedad, nosotros mismos y también, con el perro.

Cuando acogemos a un perro en casa no debemos olvidar que estamos incluyendo a un animal dentro de  nuestra sociedad humana. Hacemos que nuestros animales vivan en un mundo de humanos  bajo nuestra cultura y nuestras reglas; y puesto que un perro es un animal y no un ser humano, muestra sus dificultades para adaptarse  a este estilo de vida que nosotros, sus propietarios les presentamos. Por eso, es responsabilidad de cada uno educar al perro en consecuencia.

Un adiestramiento no sólo debe limitarse a la corrección y solución de malas conductas o hábitos problemáticos. Cada día son más los propietarios de perros que optan por la decisión acertada de llevar a su cachorro a un curso de adiestramiento y socialización. Adiestrar es enseñar el camino correcto del comportamiento al perro, es una vía de sensatez y responsabilidad que debería estar presente en la vida de todo hogar que acoja una mascota de estas características. Adiestramiento es, por tanto, respeto que demostramos a las tres partes implicadas en la relación: Propietario, animal y sociedad.

No hay que caer en el error de pensar que un perro adiestrado es un animal infeliz. Por el contrario, un perro educado es un perro sano, equilibrado, feliz y abierto de mente; capaz de adaptarse y entender mejor las actuaciones de las personas y qué es lo que sucede en su entorno más próximo.

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NECESIDADES BÁSICAS

Para poder trabajar con un perro es necesario que este se encuentre en condiciones óptimas y en primer lugar, que sus necesidades básicas estén cubiertas. Con un perro enfermo, cansado, sobreexcitado... Es evidente que no se puede trabajar. Por ello, un cuidado importante de su salud, de su alimentación, higiene y estado emocional son vitales para llevar a cavo esta actividad de forma satisfactoria.


Es igualmente importante conocer a fondo al perro. Si tenemos a un animal cuya resistencia física es más bien baja quizá sea mejor no cansarlo antes de ponerse a trabajar con los ejercicios; de igual modo que si se trata de un perro con demasiada energía, lo conveniente será cansarlo un poco antes de empezar para facilitarle la concentración en los ejercicios. La misma regla nos servirá para los premios en forma de comida; es conveniente que el perro se presente al adiestramiento sin haber ingerido alimentos antes, dígase por ejemplo, su ración de pienso correspondiente al momento del día en que trabajemos. De este modo, nos aseguramos por un lado de que se presenta a los ejercicios con el hambre suficiente como para desear los premios y no saturarse con ellos, y por otro lado, evitamos que se produzca un aumento de peso poco saludable para nuestra mascota. No se trata de privarlo de su alimento: lo que no come del plato lo come de nuestra mano durante las sesiones de adiestramiento.

También debemos conocer los límites de nuestro animal para no sobrecargarlo. Un buen dueño tiene que saber cuando es suficiente y el momento de terminar con el adiestramiento, evitando así la saturación del perro. Para ello, se recomienda que los periodos de entrenamiento no duren demasiado o no sean demasiado intensos. Intercalemos en los ejercicios periodos de juego donde ofrezcamos al perro la posibilidad de descansar y desconectar del trabajo. No hay que olvidar que el cansancio no es sólo físico sino también mental. Un perro bloqueado, al igual que nosotros, no rinde. Es bueno, que además del tiempo de descanso, le proporcionemos agua fresca de forma constante para mantenerlo en un estado óptimo; en especial, los días de calor donde el peligro de deshidratación es alto.


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PREMIOS Y MOTIVACIONES

Cada perro es un sujeto individual y por tanto, con características propias que lo distinguen de los demás. Por ello, lo que puede motivar a uno puede no despertar ningún interés en otro. Ahí es donde se encuentra la dificultad: encontrar aquello que más le motive al animal para realizar las actividades. La clave del éxito es dar con aquello que al perro más interese: trocitos de comida, un peluche en concreto, mordedores, balones, pelotas, juguetes de goma, trapos, cuerdas, frisbee...

Una vez que demos con esto, las cosas se vuelven más sencillas ya que tenemos en nuestro poder algo por lo que el perro es capaz de hacer lo que sea para conseguirlo. Ahora se trata de hacer un intercambio, "yo te ofrezco el premio si tú..." Es clave, demostrarle al perro que lo que le ofrecemos es algo alcanzable, no regalado, pero sí fácil de conseguir si sigue nuestras indicaciones. Esto hace que confíe en nosotros pues somos los que le ofrecemos y conducimos al premio. Por todo esto, es bueno que al pensar en un ejercicio que queramos que nuestra mascota realice, comencemos por hacerlo de una forma más simplificada. Por ejemplo, si queremos que aprenda la orden de quieto, primero comenzaremos por alejarnos de él a una distancia muy pequeña para poder ofrecerle un premio seguro y evitar el castigo que bloquee su iniciativa y merme su motivación en el ejercicio. De esa forma, el perro comprende con mayor facilidad lo que esperamos de él al ir premiando aproximaciones.

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EL CLICKER

Se trata de una herramienta de adiestramiento muy útil basada en esta corriente de adiestramiento en positivo. Inspirado en el conductismo operante, comenzó utilizándose en el mundo de los animales de espectáculo y empezó a triunfar gracias a la influencia de Karen Prior, bióloga y entrenadora de delfines con este método. Con el auge del freestyle en la década de los 90 el clicker comenzó a ser la técnica pionera en adiestramiento canino. En España sigue dándose a conocer y triunfando en grandes sectores dado su alto rendimiento en resultados de adiestramiento.


El clicker condiciona al perro para que al sonido del aparato, "click" (de ahí su nombre), espere un premio. De tal modo, podemos señalar a nuestra mascota que algo nos ha gustado y por ello, recibirá premio. También se le ha llamado control remoto del perro, puesto que podemos señalar con el clicker justo el momento de la acción que esperamos del animal. Es como una cámara de fotos, si queremos enseñar a alguien cómo salta nuestro perro tendremos que sacar la foto justo cuando está en el aire para que se pueda ver justo esa acción, de igual modo clicaremos en ese momento para señalar al perro que eso es justo lo que esperamos de él. Tras oír el click, el animal ya sabe que al terminar la acción puede pasar a recibir su premio. Esto mantiene un alto nivel de interés y motivación para la realización de ejercicios de obediencia y trucos.

El premio no tiene por que ser siempre comida, debemos buscar lo que más atraiga a nuestro perro. Podemos utilizar su juguete favorito, un mordedor, la pelota, etc.

Es un método inofensivo, a lo sumo puede pasar que le premiemos en un momento equivocado, en este caso no existe ningún problema: Tendremos más cuidado la próxima vez al clicar. Jamás dejaremos sin recompensa al perro tras haber clicado pues, además de que el error ha sido nuestro al clicar en un momento no oportuno, él debe aprender para que este método sea efectivo, que "click" es igual a premio siempre.


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