¡NO SOY UN LOBO!



El perro no es un lobo. Sin duda forman parte de la misma familia; los cánidos, pero son especies distintas. Hay hipótesis que defienden que el lobo (canis lupus) es el antecesor directo del perro (canis familiaris), otras en cambio, explican que esta familia, la de los cánidos, tiene su origen en una criatura prehistórica, el cynodictis, cuyos restos y análisis han revelado importantes descubrimientos en este área.



Sea cual sea el origen de nuestros perros actuales, lo que sí es seguro es que son criaturas que han evolucionado y se han desarrollado a lo largo del tiempo para llegar ha ser lo que en nuestro tiempo son: perros. Por ello, ni podemos tratarlos como si fueran lobos ni tampoco como si no fueran animales. La clave está en fijarse en el ahora, en la relación actual que sostienen hombre y perro. Aunque el perro descendiera directamente del lobo ya no lo es. Por eso, las relaciones y la educación basadas en la confrontación, sumisión y dominancia del propietario hacia el animal, no tienen sentido. La psicología del perro, aunque con rasgos similares a la del lobo, es diferente. Y es gracias a ello, por lo que entre otras cosas, se hace posible la convivencia con ellos. El perro convive con nosotros, lo contemplamos como un miembro más demuestra familia pero debemos entender que no por ello deja de ser un animal con su naturaleza inherente, sus costumbres y su forma de entender la realidad. Esto es fundamental tenerlo en cuenta para poder convivir de forma armónica con él. Le hemos dado nuestra familia pero no debemos olvidar mostrarle nuestras normas y enseñarle cómo debe respetarlas.


Aquí es donde enta en juego el papel importantísimo de la educación y adiestramiento canino. Y practicándolo por la vía del refuerzo positivo los resultados son mejores, el método más asequible, cómodo y agradable de practicar. Reconociendo que nuestras mascotas no son ni lobos, ni personas encerradas en cuerpos peludos, ni mucho menos robots, la relación que establezcamos con ellos será la correcta, la que nos lleve a un equilibrio y armonía necesarios. Este tipo de adiestramiento nos proporciona una mezcla acertada de métodos para relacionarnos con nuestros perros. Nos presentamos como la fuente de todos los bienes que interesan al perro (comida, juego, contacto social...) con la que tendrá que negociar para conseguir lo que busca. Así, es el perro mismo el que busca la relación y toma la iniciativa voluntaria de realizar lo necesario (ejercicios, trucos, entrenamiento...) para conseguir lo que únicamente nosotros podemos proporcionarle. Esto es muy gratificante para el perro ya que le proporcionamos la oportunidad de "luchar" para obtener un fin, una figura de referencia que le guía de forma estable y a quien puede seguir sin temor. Todo esto son necesidades propias de la naturaleza canina, y no tanto, el buscar someterlo, erigirnos como líderes y retarlos por conseguir el dominio sobre los bienes y el mando. Todo ello, podemos conseguirlo con mucho más tacto, pedagogía y sobre todo, con un ambiente más relajado, agradable y de confianza a través del adiestramiento en positivo.

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